Leí este libro… Sabes? es uno de mis favoritos. Es sencillo, es sabio, encantador. Lo leí justo a esa edad, la edad prohibida i creo que de alguna manera con todos los personajes te identificas. No es nada fantástico pero te lleva a evaluar las pequeñeces de la vida i creo q gracias a él las valoré. Aquí van sus frases:
··· Hablaba con su lápiz, con su armónica, con los personajes de sus dibujos. Pero no estaba loco. Estaba solo.
··· La penumbra desdibujaba los contornos de las cosas, y los fantasmas de mil recuerdos le cercaban y dialogaban con él.··· La congoja es una protesta impensada, un porqué sin respuesta que comienza a girar, a girar como una hélice dentro del pecho; un remolino de sensaciones que se forma entre el corazón y la garganta, eso fue lo que sintió apenas la puerta se cerro ante él.
··· Había experimentado una de las sensaciones más grandes de su vida: ver el mar por primera vez.
··· Aquella noche soñó que se ahogaba en una inmensidad, en un océano sin límites, mitad agua, mitad tristeza.
··· Un capitán puede morir en el frente a la cabeza de sus tropas; pero no ser herido por la patada de un mulo, o romperse un hueso por resbalar. (Es tan argg!)
··· Parecía un niño que, entre sueños, sonreía.
··· Las gaviotas -arcángeles blancos- planeaban sobre este extremo e la playa; y tal era el ritmo y la elegancia de sus movimientos, que se diría que lo hacían al son de una música solo por ellas escuchada.
··· Era como un autómata ciego de rabia que golpeaba y golpeaba sin moderación, con la sola ambición de encontrar algo sólido al final de sus puños.
··· Se sentía abstraído, enajenado, convertido en espuma, en brisa, en nube, en idea, en luz…
··· Una idea le perseguía. y le alcanzaba. Y él hubiera querido dejarla atrás, olvidarla, alejarla.
··· Hundió la cabeza sobre el pecho y se dejo arrastrar por la música y los recuerdos… Eran recuerdos vagos, confusos, cruzados por brumas blancas de olvido.
··· Su memoria era como un foco de luz disparad de improviso sobre una zona de su pasado cubierta hasta ahora de espesísimas sombras.
··· En el recuerdo volvió a sangrar, como entonces, sangre de sus quince años.
··· Se limitaba a estar así, en silencio, junto a ella, sintiendo sus latidos y su respiración.
··· El salto de la mediocridad a la grandeza no dependía más, muchas veces, que en seguir los impulsos de la generosidad.
··· “¡Qué desagradable sensación la de sentir cómo la sangre, desafiando la ley de gravedad, inunda de pronto el rostro y quema las orejas!”.
··· Quisiera ser estrella para verte. / Y quisiera ser bosque y ocultarte. / Y ser nube del valle y abrazarte. / Y quisiera ser viento y sorprenderte.
Quisiera ser el mar. Adormecerte. / Y al ritmo de mis ondas acunarte. / Y ser un alto sueño y ensoñarte. / Y ser llama de amor para quererte.
Quisiera ser la brisa que respiras. / Quisiera ser la fuente donde bebes. / Quisiera ser el río en que te miras. / Quisiera ser el aire en que te mueves. / Y yo quisiera ser, cuando suspiras, / el Pensamiento, amor, en que me lleves.
(Amé estos versos *.* todo lo que quisiera ser para estar junto a él)
··· Y unos ojos de carbón que tanto al mirar afinan que más que ver, adivinan de penetrantes que son.
··· “Son cosas de la edad”, se decía para consolarse. Pero enseguida añadía, ensañándose consigo mismo, que si la edad consistía en tener granos y cortaduras en la cara, suciedad en el pensamiento, manchas en los pantalones, y el corazón, en cambio, virginal, lleno de amor, sediente de amistad y de ternura…, esta edad debería estar prohibida.
··· Ella siguió hablando, pero él no la oyó. No sabía que la tristeza pudiera producir dolor físico; que el estupor pudiera secar al garganta, dejándola sin habla. No sabía, en fin, que se pudiera sufrir tanto, tan hondo, tan desde lejos, tan desde dentro de uno mismo.
··· Toda la tristeza del mundo cabía en su pecho. Había voces dentro de él que murmuraban, que gemían. Pero no las escuchaba. No las sentía siquiera. Se sabía vencido sin lucha, porque carecía de aliento y de deseo para luchar.··· “Que nadie me vea llorar, que nadie me vea”, se decía, mientras se tragaba las lagrimas y respiraba fuerte para deshacer aquella congoja que le ceñía el pecho como un puño de hierro apretado entre la garganta y el corazón.
··· Fue acallando una a una sus voces interiores; se negó a escucharlas, a darles beligerancia.
··· Tomaba notas con lápiz, ordenadamente. Una lágrima le cayó por sorpresa sobre los apuntes, manchándolos. Rompió la hoja y volvió a comenzar.
··· La sangre fluía por sus venas movida por una alegre tristeza.
··· Y al decirlo, detrás de cada palabra, se le iba el alma.
··· No. Ya no la quería, si es que la había querido alguna vez. Sólo quería, seguía queriendo, en esto no se podía engañar, un viejo recuerdo.
··· El atardecer teñía la tarde con una luz nueva que cambiaba milagrosamente los colores de las cosas, trasformándolas.

Hola, buscando entradas que hablaran de este libro llegué hasta aquí. La verdad es que me gusta mucho que hayas citado fragmentos del libro, porque me hacen recordar algunos de los mejores momentos. En cuanto a los versos de Adolfo, igual te interesa saber que unos músicos le pusieron melodía. Pásate por mi entrada si quieres y verás el enlace. Un abrazo
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